
En RedCoruna estamos seguros de que más de una vez, quizás cuando empezasteis a paladear un poco el mundillo de Internet y queríais explorarlo todo, entrasteis en una página web y pinchasteis en el icono de Comprar. Pero no lo hicisteis.
¿Qué nos pasaba por la cabeza si no había ni de la mitad de timos que hay hoy en día a través de la Red? No nos extrañábamos si aquella mujer de mirada esquiva a la que nunca habíamos visto, nos pedía fianzas y avales a tutiplén por un mísero alquiler; pero si queríamos comprar un libro a un precio absolutamente justificado a través del ordenador, entonces teníamos problemas para sacar la tarjeta de la cartera.
Esta desconfianza se ha ido perdiendo a lo largo de los años. Las empresas que venden sus productos y servicios online han pasado de fases meramente informativas hasta el desarrollo nuevas aplicaciones. Hoy se potencia la compra en unos usuarios que adquieren, cada vez más, cercanía hacia ellas.
A pesar de esta incipiente confianza, el miedo no se ha exterminado. Todavía hay cierto temor primitivo a un engaño de consecuencias económicas; sin embargo, esta sociedad cibernética ha procurado adelantarse a ese momento de “robo” o engaño.
El reconocer mucho antes a aquellos que nos pueden estafar ha supuesto un avance en nuestra forma de enfocar los problemas del comercio electrónico.
Hoy buscamos no sólo la seguridad online de que nuestro dinero esté a salvo, sino que queremos proteger nuestros propios datos personales para que no puedan ser utilizados de forma indebida.
Como consecuencia de este mal uso derivan todas y cada una de las estafas ya conocidas por muchos: malware, phishing, suplantación de identidad, spam, e-mails engañosos, publicidad de productos cura-todo, etc.
Todos estos fraudes llegan a nosotros a través de algo tan sencillo como dejar tus datos básicos en una página web: nombre, apellidos, e-mail. Y aquí comienzan las artimañas.
En la actualidad, según un estudio del Instituto Nacional de Tecnologías de la Comunicación, ( www.inteco.es) con el que RedCoruna colabora combatiendo spam y otro tipo de fraudes en la Red, habría unos 920.000 usuarios que han sido engañados alguna vez en Internet. Sin embargo, lo que aquí nos llama la atención, es la cantidad de personas que se han sentido timadas, incluso sin llegar a serlo, que superan el número de estafas online reales.
Según este informe sobre fraude online, un 44,3% de usuarios temen que roben su privacidad y utilicen estos datos sin consentimiento frente a un 32,6% que se preocupa por los daños que puedan ocasionarse en sus ordenadores. El último escalafón se compone tan sólo de un 23,1% que da más importancia a una estafa económica en su cuenta bancaria, tarjeta de pago, etc.
La mayoría de los que creen haber sufrido intento de fraude, reconocen haber notado un ligero descenso en las prácticas habituales de la delincuencia online: ofertas falsas de trabajo, invitaciones a visitar páginas sospechosas o e-mails con ofertas no solicitadas. Sin embargo, el número de correos electrónicos solicitando claves de usuario ha aumentado ligeramente.
Por tanto, es importante que seamos conscientes de dónde dejamos información privada y procurar hacerlo en páginas que cuenten con algún tipo de seguridad.
No es recomendable exponer nuestros datos desde ordenadores de uso compartido; pero sí cerrar nuestra sesión tras realizar una transacción online o buscar en la barra de navegación las páginas que queremos y no en buscadores.
Proteger la identidad del usuario no debe ser considerado un valor añadido por ninguna página web sino un derecho fundamental y básico, reglado por la LOPD , para garantizar el buen uso de la información personal.
Las organizaciones delictivas crecen cada día y no dejan de lado esta Red Global de Comunicaciones. Esto es un hecho que no debemos pasar por alto.
Si eres propietario de una tienda online, una página web con carro de compra, un espacio con registro de datos provenientes de formularios, hojas de contacto, etc. deberías buscar la forma de ofrecer una confianza real a tus clientes para que todos salgan beneficiados.
Si por el contrario, eres tú el usuario que investiga entre páginas web en busca de algo concreto, exige una forma segura de proteger tu privacidad.
Sigamos haciendo uso de algo tan tradicional como el dicho “es mejor prevenir que curar” y extrapolémoslo a nuestro particular mundo virtual por la seguridad de todos.